
Título: Tango del torturador arrepentido
Autor: Carlos Salem
Editorial: Alrevés S.L.
Editada en 2024
ISBN: 978-84-19615-66-4
N.º de páginas: 300
Temática: Narrativa
Reseña realizada por Tati Jurado.
Hay heridas que deben resultar imposible de cicatrizar. Para quienes las sufren y tal vez —busca convencerse el padeciente como posible modo de resarcimiento— para quienes las ejecutan. Aunque, por supuesto, son incomparables; más si quienes las provocan se valen de una posición de poder, dictatorial, para instaurar el terrorismo de Estado y violar sistemáticamente derechos humanos. Quienes reciben la herida tienen que aprender, si subsisten, a convivir con ella. De camino al supermercado, en el trabajo, a mitad de una charla…, el recuerdo de la vejación, ajeno a cualquier intento del tictac del reloj para borrarlo, debe de asaltar sin aviso y revivir las imágenes, los olores, la impotencia, la rabia, el miedo y también la tristeza. Y quienes las perpetran puede ser que carguen con tener que vivir mirando constantemente por el espejo retrovisor, por creer que en cualquier momento se las pueden cobrar. Incluso habrá algunos que —como propone Carlos Salem en esta novela—, aún si participaron sin estar de acuerdo con las barbaries cometidas y el terror infligido y responsabilizaron a una cadena de mando siempre superior, sufran algo cercano a los remordimientos y a la culpa. Y esta humanización de quien sembró terror es clave en esta obra, porque permite acceder desde otro lugar a esa dimensión impregnada de controversia en la que debe de fluctuar el torturado: o intenta mirar hacia adelante y desprenderse, dentro de lo posible, de lo vivido o busca vengarse. Y si se decanta por la venganza, además, le toca coexistir con la pregunta de en qué te conviertes si torturas al torturador.
Más de veinte años después, Julio, que ahora se llama Jorge Luis y que fue víctima del terrorismo aplicado por el Estado en un centro clandestino de Buenos Aires, se cruza con Morales en una sala de teatro. Un encuentro fortuito que aviva el rencor y su sed de venganza y lo sume en la elaboración de un plan que implica adentrarse en la vida del exmilitar y mantener con él una relación bastante cercana para matarlo.
Salem, para recorrer esas dos décadas que transcurrieron entre la detención ilegal de Julio cuando tenía 18 años y el reencuentro y posterior vínculo con Morales, alterna entre el uso de la tercera y la primera persona, con una escritura sencilla y a la vez precisa. Dispone de la tercera para enmarcar la historia y mostrar la evolución de los vínculos con las personas que fueron cardinales en la vida del protagonista, para bien o para mal. De la primera, como recurso para aproximar los pensamientos del personaje, su sentir, su necesidad de seguir adelante y la incapacidad de hacerlo. También recurre el escritor a la analepsis: ¿de qué otra forma se puede explicar el presente si no es conociendo el pasado? Y en esa revisión ahonda en la imposibilidad de olvidar y el dolor que conlleva. Sobre todo cuando afecta a una memoria colectiva.
Tango del torturador arrepentido trata de temas pendientes de un país, Argentina, que bien puede servir de semblanza de cualquier pueblo, de cualquier persona que haya sufrido horrores. Un pueblo que demanda, que necesita justicia ante esas atrocidades, que no quiere que queden impunes, y que reniega del olvido porque sabe que la reincidencia se fragua mejor con su colaboración.