
"Literatura y Duelo" por Marcos Rodes.
La muerte es uno de los grandes temas de la literatura. De entre sus diversas variedades, la pérdida del padre constituye uno de sus principales componentes. De estos textos, aquellos que han sido escritos por hijos (y aquí hago incidencia en el género; con las peculiaridades que les son propias a este tipo de relaciones), se configuran como una categoría profusamente nutrida. Siendo así, podríamos preguntarnos qué hay de singular en este caso. La respuesta, como el duelo, tiene una vertiente individual, por lo tanto, solo se puede acceder a ella tras su lectura. Sin embargo, también adquiere una dimensión comunitaria, y esa es la que anima a críticos y lectores a opinar sobre los libros. Desde este ámbito se estructura la reseña, la cual trata de ser merecedora de la calidad humana y literaria presente en la obra.
Las técnicas narrativas son un recurso que ayudan en el proceso de elaboración del duelo. Cuando el doliente es escritor y cuenta con una notable capacidad de introspección, sus reflexiones adquieren la condición de interés común. Este es el caso de la historia gestada por Marcos Giralt Torrente. Si bien se da la peculiaridad de que el relato describe los claroscuros de la relación del autor con su padre (la cual resonará, especialmente, en aquellas personas que hayan pasado por situaciones similares), la condición universal del dolor que sobreviene por la pérdida de un ser querido hace que esta obra sea de interés para todo tipo de dolientes, así como para lectores que gusten de las buenas historias.
El autor repasa el tiempo de una vida, la suya propia, cuya existencia ha orbitado en conjunción con la de su padre. Siendo hijo único, mientras transcurre la etapa infantil, se produce la separación de sus padres. Marcos Giralt Torrente queda al cuidado de su madre mientras que el padre, coprotagonista de esta narración, acumula un reguero de ausencias, negligencias y actos fallidos cuyo impacto incidirá en el devenir de su hijo.
Una de las claves nos la ofrece el autor en la primera página al citar un texto de Amos Oz, quien afirma que el corazón de un relato no se encuentra en el espacio existente entre el escrito y el autor, sino en el terreno que media entre el escrito y el lector. Siendo así, Marcos Giralt Torrente, en los escritos ficcionados de sus obras precedentes y en el intento de realismo que preside el libro que nos ocupa, ha tenido la figura de su padre presente, convirtiéndole en su principal destinatario. Y es que, aunque el autor no lo defina como duelo, ese fue el sentimiento que le evocó la ausencia voluntaria del padre durante gran parte de su vida. El mismo, por fortuna, lo pudo elaborar poco antes de que se le anunciara la enfermedad y se produjera su fallecimiento.
Contado en primera persona, Marcos Giralt Torrente aborda el relato sin ambages ni pudor, manteniéndose firme en su deseo de que la historia se corresponda, de forma fidedigna, con la verdad. Cuando recurre al tiempo pasado, es fácil que el lector adopte el rol de psicoterapeuta, mientras el autor, sentado en el diván, da rienda suelta a sus pensamientos. En estas ocasiones da cabida a la expresión de interpretaciones y asignación de sentido acerca de los hechos más relevantes de su historia familiar. Por el contrario, cuando la narración transcurre en un tiempo presente, se atiene a la rigurosidad de los datos ofrecidos con un estilo directo y descriptivo, como si de un atestado se tratara.
Tiempo de vida es el relato de una existencia marcada por el duelo. El que Marcos Giralt Torrente inicia por la ausencia del padre siendo un niño y prolonga hasta finales de la treintena. En esta época acumula agravios y decide ser escritor en contraposición a la vocación pictórica de su progenitor. Elaborado el mismo, al poco da comienzo un duelo anticipatorio cuando se produce el anuncio de la enfermedad mortal de su padre. Esta es un época de reencuentro, complicidad y entrega completa a su cuidado. Finalmente, el duelo tras su fallecimiento. Una vez que se han asentado las emociones, está en disposición de dotar de sentido a la relación que les unió, ponderar con admiración la figura del padre y dar inicio al libro. El autor utilizar la metáfora del círculo que se cierra, el cual se enclava en una espiral que proviene del pasado y se proyecta en el futuro, pues en las últimas páginas nos anuncia la próxima llegada de su hijo iniciándose un nuevo ciclo.