
"Cause this is thriller, thriller night" por Javier Muñoz Villén.
A lo largo de los tiempos muchas han sido las novelas que han recreado, de manera más o menos truculenta, asesinatos acontecidos en la vida que llamamos real. A la mente me vienen unos cuantos títulos y sus autores correspondientes: A sangre fría, de Truman Capote, basada en los asesinatos de 1959 en Kansas; El hombre inocente, de John Grisham, sobre un hombre acusado de violación y asesinato; Felices como asesinos, de Gordon Burn, sobre una pareja violada y asesinada en Inglaterra; Medianoche en el jardín del bien y del mal, de John Berendt; La canción del verdugo, de Norman Maile; El adversario, de Emmanuel Carrèr; Los asesinos de la luna, de David Gran, La dalia negra, de James Ellroy; o Las muertas, de Jorge Ibargüengoitia.
Pero, ¿y al revés? ¿Hay novelas que han inspirado crímenes reales? La respuesta es sí, y además, más de una. Vamos a repasar aquí algunas de ellas:
La primera de la lista no podía ser otra que American Psycho, de Bret Easton Ellis, publicada en 1991. Su protagonista, nuestro querido Patrick bateman, inspiró en 2014 el asesinato por parte de un adolescente llamado Michael Hernández de su compañero de escuela en Florida. También Brian Douglas White mató a dos mujeres a hachazos para imitar al protagonista de la novela. Al parecer, anunció sus crímenes con un par de frases extraídas de la obra y publicadas en su perfil en una famosa red social en marzo de 2012: "Me gusta diseccionar mujeres. ¿Os he dicho ya que estoy loco?”. Brian Douglas se había obsesionado tanto con el protagonista de la novela, que incluso le había dedicado una especie de altar en su habitación.
El maestro del terror, Stephen King, con Rabia, publicada en 1977 bajo el pseudónimo de Richard Bachman, inspiró sin quererlo varios incidentes en California, Kentucky y Washington que terminaron con el asesinato de dos personas. La novela relataba como un estudiante llamado Charles Everett se convertía en el protagonista de un tiroteo en la ficticia Placerville High School. El escritor, impresionado por lo ocurrido, retiró su obra de la circulación prohibiendo su publicación. Después escribió un ensayo titulado «Armas», donde abordaba la problemática, destinando todas las ganancias por su venta a campañas de prevención de la violencia.
El agente secreto, de Joseph Conrad, publicada en 1907, transcurre en el Londres de 1886. Narra la historia de un profesor universitario retirado y espía de un país no identificado que planea destruir el Observatorio de Greenwich con una carga de dinamita. La obra sería reconocida como una de las obras más importantes en la carrera de Conrad. Unabomber, el terrorista más famoso de Estados Unidos, aterrorizó a todo el país enviando paquetes bomba desde 1978 hasta el año 1995 en que fue detenido, llegando a matar a tres personas y a herir a veititrés. Pues bien, Ted Kaczynski, la persona real escondida tras su seudónimo terrorista, confesó a su propia familia que El agente secreto había sido la inspiración de todo lo que había hecho. Llegó incluso a afirmar que nadie podría comprender sus actos sin leer el libro.
Pero la obra más mortífera de todas fue Fundación, de Isaac Asimov. En 1984, se fundó en Japón la secta Verdad Suprema liderada por Shoko Asahara, que entendió la obra de Asimov como un texto sagrado; una auténtica profecía sobre un apocalipsis inminente. En 1995, Asahara decidió acelerar la llegada del anunciado apocalipsis utilizando gas sarín. Primero lo liberó en el metro de Tokio, causando trece víctimas mortales y después en un barrio residencial de la ciudad de Matsumoto causando ocho muertos más. Según algunas estimaciones, al menos seis mil personas sufrieron complicaciones de salud por culpa del gas.
El guardián entre el centeno, publicada en 1951 por J.D.Sallinger, resultó ser la obra de cabecera de varios asesinos, como John Bardo, que asesinó a la actriz Rebecca Schaeffer. También John Hinkley que intentó asesinar, frente a un hotel de Washington, D.C., ni más ni menos que al entonces presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan. El presidente resultó gravemente herido junto al secretario de prensa de la Casa Blanca, James Brady, a un agente del Servicio Secreto y a un policía. Hinkley llevaba encima una copia de la obra de J. D. Sallinger. Sin embargo, no es este el crimen más famoso atribuido a esta novela, sino que lo es el asesinato del famoso componente de los Beatles, John Lennon. Mark David Chapman, un admirador del cantante, lo asesinó de cinco disparos por la espalda. Después, se sentó a leer tranquilamente El guardian entre el centeno, que llevaba encima, mientras aguardaba a la policía.
La naranja mecánica, de Anthony Burgess, fue publicada en 1962. La novela es considerada una obra maestra hasta nuestros días, aunque esto no evita su terrible leyenda negra. Inspirado, como el propio autor reconoció en la violación de su primera esposa por parte de cuatro soldados estadounidenses, la novela ha sido acusada de servir de inspiración a su vez para numerosos crímenes desde el momento de su publicación. Como el ocurrido en 1973, cuando un joven de dieciséis años, vestido como uno de los miembros de la pandilla en la historia, apuñaló a otro joven de catorce años, o una violación colectiva a una chica alemana en Lancashire mientras los agresores cantaban «Singin’ In The Rain».
Publicado en 1963, El coleccionista, de John Fowles, narra la historia de Frederik Clegg, un coleccionista de mariposas, tan obsesionado con una joven llamada Miranda que termina secuestrándola con la esperanza de sumarla a su colección de objetos bellos e inanimados. Lamentablemente, varios perturbados encontraron en la novela su fuente de inspiración: a mediados de los 80, Leonard Lake y Charles Ng violaron, torturaron y asesinaron a once víctimas en una cabaña remota en el condado de Calaveras, California. Todo como parte de su plan para encontrar su propia «Miranda», tal y como revelaron en unos vídeos y en un diario que Lake enterró cerca de su casa. También el asesino australiano Christopher Wilder, que secuestró y agredió sexualmente al menos a doce mujeres y adolescentes, asesinando a ocho de ellas, en los Estados Unidos, tenía en su poder una copia de El coleccionista cuando se suicidó en 1984. Finalmente, Robert Berdella fue condenado en 1988 por la violación, tortura y el asesinato de seis hombres a los que había retenido en su tétrica mansión de las afueras de Kansas City, en Missouri. Bordella no tuvo reparo en explicar que El coleccionista le había dado la idea de iniciar su propia colección de mariposas.
Nos despedimos con una pregunta, una de tantas: ¿Hubiesen publicado sus obras todos estos autores si hubieran conocido su macabro alcance? La realidad siempre supera la ficción, menos cuando la inspira, y viceversa.