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Vicente Mojica Benito

Para después de todo

La paz nos esperaba.

Era una isla

en medio de aquel mar,

isla lejana,

perdida casi entre la bruma, apenas

un vago suelo azul en la distancia.

(Fragmento del poema “La paz nos esperaba”, Vicente Mojica)

“Poetas y Poesías” por Mª Ángeles Álvarez.

Esta vez no he necesitado un viaje a tierras lejanas para descubrir a un poeta que, con sus versos, ha tocado mi alma. No he tenido que recorrer una larga distancia para encontrarme con la mirada de un niño que ve como el mundo a su alrededor se derrumba, con un adulto que revelan sus recuerdos a través de la poesía y que con ella se rebela frente a la guerra y al dolor que esta trae consigo.

La vida nos regala a veces momentos maravillosos y sorprendentes y el 2022 es lo que ha hecho conmigo, porque me ha brindado la posibilidad de acercarme a este poeta alicantino que no puede ni debe quedar en el olvido. Y lo ha hecho de la forma más hermosa, a través de su hijo José Luís quien me ha obsequiado con un hermoso y emotivo libro de poemas de su padre, Vicente Mojica Benito, conocido solo por Vicente Mojica, nacido en Alicante en 1923 y fallecido en la misma ciudad el 7 de octubre de 1989.

La paz nos esperaba es un acertado y conmovedor poemario que, además fue el primer poemario testimonial de la guerra civil en Alicante, posiblemente, como el propio Mojica dijo, porque “los poetas entonces mayores debieron estar ausentes de su tierra por imperativos militares, o tal vez por la novedad que suponía en el año 1966 —fecha en que vio la luz por primera vez— cantar a los muertos de la media España vencida.”

A Mojica la guerra lo sorprendió con apenas trece años y con tan solo catorce publicó un poema en la revista Socorro Rojo titulado Bilbao la mártir, escrito tras los bombardeos franquistas a esta ciudad. Como señala la introducción al poemario La paz nos esperaba sobre aquel poema, “se trataba de una composición militante, airada, en un medio republicano, que finalizaba con un tono de arenga contra el fascismo.”

La guerra vista a través de los ojos de un niño que se convirtió en un adulto de poética sencilla, elegante y certera. A pesar de su temática, la belleza inunda cada verso y conmueve el corazón del lector hasta hacerlo vivir y sentir lo que aquellas terribles circunstancias le provocaron a él.

Ninguno de los poemas de este compendio dejan indiferente a nadie, pero destaco uno en particular que me ha emocionado intensamente. La sutileza con la que describe la partida de los trenes cargados de soldados en dirección al frente, definiéndolos como “trenes de muertos (…) de hermanos de nuestros muertos”, en una clara alusión al destino que esperaba a esos hombres. Es hermosa la forma en que Mojica nos lo describe, pero a la vez descarnada y terrible:

 

MUERTOS, muertos, ¡cuántos trenes de muertos!

De hermanos nuestros muertos que aún cantaban,

levantaban su risa, sus pañuelos,

su fresca voz al iniciar la marcha.

 

Estaciones de luto

Para verlos partir se engalanaban,

de novias y de madres,

con un nudo de pena en las gargantas (…)

 

Nadie podría haberlo descrito de un modo más acertado para agitar nuestros corazones y nuestras conciencias. En una época, la actual, en la que parece que el ser humano no ha aprendido nada de tiempos anteriores, la poesía de Mojica cobra actualidad de un modo sangrante. La historia tiende a repetirse una y otra vez, por desgracia, y no serán pocos los que se sientan identificados con sus versos, quienes derramen lágrimas porque al leerlos encuentren en ellos una clara semejanza con los actos de barbarie que en pleno siglo XXI se siguen cometiendo.

El niño que ve su primer muerto de forma violenta:

Mi primer muerto estaba mirando al infinito.

Sus pupilas abiertas se inundaban de cielo (…).

 

O el que pierde su infancia para siempre:

 

El niño perdió su infancia

Y aunque la busca y la busca

Nunca volverá a encontrarla. (…)

 

Los inocentes que ven destruidos sus hogares:

 

ENTONCES, la ciudad,

humeada de pronto, se encendía

de pronto,

vertiginosamente,

respirábamos casi

lo imprescindible apenas,

conteniendo la voz,

el ansia, el miedo, (…)

 

Sus palabras de tinta, sus estrofas y versos son imprescindibles y jamás deberían quedar en el olvido. Deben formar parte de nosotros mismos, anidar en nuestros corazones, nutrirlos de sus enseñanzas tan necesarias para que nunca olvidemos, para que la memoria de los que sufrieron y murieron no se pierda y nos sirva para recordar lo que sucede cuando los seres humanos se enfrentan entre sí.

Quisiera que este artículo sedujera a sus lectores a conocer a este poeta acreedor de numerosos premios literarios y una de las voces más importantes de la poesía de posguerra, con más de una treintena de títulos publicados.

Procedente de una familia humilde, con tan solo diez años comienza a trabajar en el Club de Regatas de Alicante y para el Socorro Rojo Internacional durante la guerra. Más tarde trabajó como mancebo de la farmacia de don Vicente Otero y hacia 1943 obtuvo el título de Practicante en Medicina y Cirugía en la Universidad de Valencia, accediendo por oposición en 1950 a una plaza de practicante en el Hospital Provincial. Se casó en 1951 con Josefina Marhuenda y tuvo tres hijos, Vicente, José Luís y María José.

A lo largo de su vida alternó la creación literaria con su profesión sanitaria, siendo la poesía el género que más cultivó. En este artículo nos hemos centrado en un solo poemario, pero son numerosos los títulos de este magnífico poeta que merecen ser disfrutados, como Llamada al corazón, Geografía del llanto, Palabras de mi amor y mi destino (1971), Árbol de mi sombra (1973), Espejo de la consumación (1987) y, por supuesto, La paz nos esperaba, entre otros.

Formó parte de un grupo de destacados intelectuales de la cultura alicantina y miembro de la Junta Rectora y la sección de Filología y Literatura del Instituto de Estudios Alicantinos. También socio fundador del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Alicante.

Cuando Vicente Mojica recibió el primer ejemplar de su poemario La paz nos esperaba, declaró: “Nuestra palabra poética es sencilla. Pero sencillos fueron los hombres que murieron, los que regaron con su sangre nuestras tierras, los que se perdieron en la oscuridad del silencio y de la distancia. Que a la sencillez de nuestros versos vaya unida la cumbre de nuestra esperanza es lo que hemos procurado”.

 

Quero cerrar este artículo con un poema que sin duda toca el corazón de los alicantinos, porque narra uno de los episodios más terribles de la Guerra Civil, no solo para Alicante sino para toda España: el bombardeo del 25 de mayo de 1938, en el que el padre de nuestro querido poeta salvó milagrosamente su vida cuando, a las 11:18 horas de la mañana, nueve aviones “Sparviero” italianos descargaron sobre el centro de la ciudad, alcanzando el Mercado Central, alrededor de noventa bombas, causando la muerte de más de trescientas personas. El mercado estaba repleto de mujeres y niños a esa hora. Las sirenas no sonaron.

 

Hoy,

25 de Mayo,

Justamente a las 11,

Cuando estaba la vida

Estallante de sol,

De luces y de niños como pájaros

Correteando libres por las calles;

Justamente a las 11,

Hoy,

25 de Mayo,

Un día amanecido

Como los demás días

De esta primavera,

Inesperadamente, la ciudad,

Se ha abierto como un fruto de muerte,

Ha estallado

En llantos y alaridos,

Y en el azul volando de su cielo,

Ha prendido,

Colgando hasta las ruinas,

Negros crespones de humo.

 

Desventurada ciudad mía,

Hoy, 25 de Mayo,

Ha venido la muerte de puntillas,

Te ha sorprendido

Y ha hundido sus zarpazos en tu carne.

Exasperados ayes,

Gritos confusos, cláxones rabiosos,

Ambulancias y gentes despavoridas cruzan

En todas direcciones, locamente.

 

Hoy,

25 de Mayo,

Te he visto llegar, padre,

Con la frente vendada,

Con la cabeza herida,

Y, ahogándome en dolor y en alegría,

He corrido a abrazarte

Sintiéndome ya hombre.

Publicado el 11 de enero de 2023
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2 comments on “Vicente Mojica Benito”

  1. Estimada compañera, claro que seduce este maravilloso artículo con el que haces un merecido tributo y recuerdo a este gran autor alicantino. Me ha parecido una historia bellísima y me han encantado los poemas. Qué orgullo que contéis en vuestra historoa literaria con una persona de tantísimo valor. Un abrazo, Mari Ángeles

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