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Viñetas de plata. Poesía gráfica de Luis Alberto de Cuenca, de Laura Pérez Vernetti. Reino de Cordelia, 2017.

Ficha técnica

Título: Viñetas de Plata. Poesía gráfica de Luis Alberto de Cuenca

Autora: Laura Pérez Vernetti

ISBN: 978-84-16968-06-0

Páginas: 120

Año edición: 2017

Editorial: Reino de Cordelia

Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta

"Poetas y Poesías" por Ismael López Gálvez.

Cuando el arte dialoga con el arte, existe la posibilidad de que concluya en lo que hoy se denomina «poesía gráfica». Cierto es que el cómic a menudo entabla una mansa dialéctica con el cine, la fotografía, la pintura y la prosa; sin embargo, desde hace poco más de una década, ha encontrado a un interlocutor interesante que no se le esperaba: el verso. Quizá, para los más puristas de ambos géneros, esto sea algo así como una traición, como profanar el color de Yellow Kid con la oscuridad de Baudelaire, como mancillar el culteranismo de Góngora con el desenfado de Ibáñez. Pero, para desgracia de los intransigentes, los pinceles de Laura Pérez Vernetti y la pluma de Luis Alberto de Cuenca se dignifican y benefician de forma mutua. No hay que buscar los porqués: a veces las simbiosis suceden porque sí, y poco o nada tiene que ver con lo que piensa la teoría académica, la cual muy a menudo cree tener el Santo Grial de la exégesis.

En Viñetas de Plata, editado por Reino de Cordelia, la historietista e ilustradora Laura Pérez Vernetti traslada al tebeo quince poemas entresacados de la obra de Luis Alberto de Cuenca. Como es propio de ella, no se ciñe a un estilo genérico que intuye que puede funcionar para cualquier guion, sino que lo adapta con inteligencia a lo que las líneas de cada poeta exigen. Así lo hizo con la aplicación de las vanguardias portuguesas de principios del siglo xx al verso de Pessoa o con la presencia del rojo soviético sobre el blanco y negro en el de Maiakovski. Por natura, ya que no podría ser de otro modo, se reserva también para Luis Alberto de Cuenca un grafismo propio e ideal para su estética.

La poesía del Bardo, tal y como lo llaman con amabilidad en Cowboys de medianoche, se define por la convivencia de lo popular y lo erudito, por moverse con idéntica soltura entre los hexámetros de Homero y las viñetas de Frank Miller, y por hacerlo siempre con grave rechazo por el verso hermético. En ese sentido, Laura Pérez Vernetti capta la esencia del poeta y presenta un cómic en el que se da, en palabras de la propia autora, «un contraste entre un dibujo de línea clara mezclado con figuras de estilo expresionistas, elementos de inocencia mezclados con otros eminentemente cultos, elementos infantiles conviviendo con otros claramente adultos, de lo amable con lo siniestro». Por tanto, si se permite la pobre metáfora, no se trata de otra cosa que de un traje hecho a medida. De ahí que, para ilustrar la obra de un poeta que ama el cine de los años 30, 40 y 50, utilice el blanco y negro y, en homenaje a sus héroes de tebeo (Flash GordonJohn WillyEl Hombre Enmascarado, Conan el Bárbaro, etc.), se sirva de su iconografía, con predominio por «el dibujo pastoso y redondo de lápiz graso» y «el trazo aplicado sobre el collage fotográfico», tal y como apunta la ilustradora en su nota introductoria.

Además, durante las 74 páginas en la que se despliega esta conjunción entre viñeta y poesía, Luis Alberto de Cuenca —al parecer cumpliendo un sueño— aparece en ocasiones mudado en materia tebeodesca figurando como narrador. Aun así, el poeta agradece la sensibilidad de Vernetti por no haberlo convertido en el protagonista de todos los poemas, sobre todo en aquellos en los que el personaje principal se aleja de su yo, lo que ayuda a desligar la creación de su creador: algo arduo de conseguir en un género como la poesía, que, por mucho que defendiera lo contrario Mario Benedetti, también puede ser ficción aunque no utilice máscaras.

Asimismo, es de recibo destacar que la selección de los poemas ha corrido a cargo de la historietista, a excepción de alguna preferencia personal del autor. Si bien es cierto que predominan los de corte narrativo, con un exquisito gusto por el erotismo y lo siniestro, no se abandonan aquellos de calado más lírico y sentimental. Sirvan de ejemplo «El desayuno» (El hacha y la rosa, 1996) y «Estoy aquí» (Sin miedo ni esperanza, 2002): dos de las producciones más emblemáticas de la carrera del Bardo.

Con todo, y aunque los lectores más ávidos de Luis Alberto de Cuenca no vayan a encontrar nada inédito en Viñetas de Plata, el excepcional trabajo de Laura Pérez Vernetti sirve de guía para que el lector —primerizo o experimentado— se adentre en parajes nuevos de la interpretación y en escenarios que, con toda probabilidad, ni siquiera había soñado.

 

 

Ismael López Gálvez

Escritor y filólogo hispánico

Publicado el 31 de octubre de 2023

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