
“Por hache o por be” por Mariángeles Salas.
Con este título no estoy recordando aquel merecido Óscar a la mejor película de habla no inglesa, dirigida en 1982 por José Luis Garci e interpretada por Agustín González y Antonio Ferrandis, sino la vuelta a la normalidad, después de estos días navideños que, quieras o no, han cambiado nuestro devenir diario. Ahora, a pasar como buenamente se pueda la famosa cuesta de enero, y quizá otra en el mes de febrero, porque con el anuncio de las nuevas subidas de luz, gas y teléfono, etc. tendremos que mirar el euro con más respeto, y ser también más comedidos en nuestros usos habituales.
Por ejemplo, recordar que hay un interruptor en la pared, que no está de adorno, y sirve para apagar la luz cuando está encendida, que debemos cerrar el grifo de la ducha cuando nos llamen por teléfono, -aunque la conversación sea de esas que se ponen al rojo vivo después del primer minuto-, o que por una pelusa de nada, encontrada en el suelo, no hace falta "tirar de la cadena".
Se podrían enumerar otros muchos detalles que seguro llenarían un poco más nuestros bolsillos, pero el ser humano es un individuo terrenal, y aunque Platón decía que hay tres facultades en el hombre: la razón que esclarece y domina; el ánimo que actúa, y los sentidos que obedecen, si estos dicen que nones, es que nones, por mucho euro que se nos escape.
Donde sí que parece haber un poco más disciplina es en la determinación o propósito de acabar con aquello que llevamos puesto y nos sobra, o sea, esos kilillos que se han depositado en ese cuerpo serrano que Dios nos dio y que afean nuestra figura, cuando no la salud.
Y como el tiempo pasa volando y dentro de nada volveremos a pasear palmito por la playa, urge poner manos a la obra, sacando las zapatillas de deporte que teníamos arrinconadas en el zapatero, posiblemente junto a la pobre báscula que yace olvidada y cubierta de polvo invernal.
Es entonces cuando nos encontramos con dos posibles soluciones: la primera, apuntarnos a un gimnasio que tenga jacuzzi, body combat, body pump, pilates, que no Pilatos, spinning o crossfit por poner algunos ejemplos. Y, puestos a pedir, que nuestro entrenador o entrenadora esté, como siempre se ha dicho, de “toma pan y moja”.
La segunda, y no por ello menos atractiva, es ponerse los cascos y sintonizar una emisora de radio cañera, para darle marcha al cuerpo, mientras andamos por espacio de una hora, a un ritmo tal, que nos haga terminar chorreando como la mozzarella se funde en una pizza recién horneada, (señal inequívoca de que se empiezan a perder líquidos).
La ventaja de esta última opción, es que no nos vacía el bolsillo y, además, podemos saludar al vecino que sale a pasear con su perro a la misma hora. Más suerte tienen los que viven al lado del mar. Porque, aunque no consigan perder el peso deseado, por lo menos los ojos se les llenarán de belleza.
Así que… ¡Ánimo!